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7 marzo, 2019

Lucha feminista: El derecho al placer

El día de la mujer es el día perfecto para reivindicar el placer femenino en todas sus formas empoderándonos con él por un mundo más igualitario

Cada 8 de marzo la Cuarta Ola del feminismo se alza para apelar a una sociedad cada vez más desperezada pero aún dormida en muchos aspectos relevantes para la verdadera igualdad entre hombres y mujeres. El camino es largo, los discursos son muchos y la doble rasero de la sociedad y la educación es tan irregular que cuesta no tropezarse.

Entre todas esas voces alzadas, algunas recuerdan y hacen palpable la injusta distinción que hace la sociedad entre hombres y mujeres en el terreno sexual. ¿Nos define la cantidad de parejas sexuales que hayamos tenido? ¿Por qué tanto tabú con la masturbación femenina? ¿Qué placer es más válido? O mejor aún, ¿hay algún placer consentido que no lo sea? Reflexionemos sobre estos temas.

Las chicas no se masturban…

…poco. Tenemos instinto sexual desde que nacemos. Nuestro fin como animales (instinto, no raciocinio) es continuar la especie, tener descendencia. Si fuese un proceso doloroso, ¿habríamos llegado hasta aquí? Deja que conteste: No. Por eso la selección natural nos ha dotado con tantos receptores y terminaciones nerviosas capaces de generarnos placer al contacto adecuado. Eso, sumado a nuestro instinto social nos permite estrechar lazos entre personas que se atraen. Sexo como vía de comunicación. ¡Vivan los cuerpos porque sienten! Ese ‘gustito’ que sentimos al masturbarnos no solo no es una aberración, sino que tiene innumerables ventajas tanto físicas como psicológicas, desde una mejora del autoestima hasta ayudar con los dolores menstruales, pasando por la segregación de endorfinas y oxitocina, hormonas que inducen a la felicidad. ¿Quién no quiere ser feliz? ¿A caso no es la máxima de la vida?

El mito de que las mujeres no se masturban es  el resultado una mezcla de pudor y vergüenza impuesto por un imaginario donde la virginidad (hablamos de ella más adelante)  es sinónimo de pureza, donde el placer y el bienestar es menospreciado por la cultura del sacrificio, y donde se asocia autoconocimiento con perversión insana. Para la sociedad que una mujer se masturbe es sinónimo de vicio porque, ¿por qué van a obtener placer de un acto donde no se procrea? ¿Así, de gratis? ¿Sin aportar nada al mundo? ¿Sin que un hombre sea cómplice de ese placer?

Empoderar la lucha feminista desde el placer implica ser consciente de nuestro cuerpo por completo, sin medias tintas, sin complejos, asumiendo nuestra capacidad de generarnos bienestar y exigiéndolo ante cualquier otra circunstancia. Cuando nos coartan, culpabilizan y asumen que nuestro placer es por y para el género contrario, toman unas riendas que deberían de ser nuestras. Masturbarse no dista tanto de darse un baño de espuma, de comprarte ese libro que llevas tanto queriendo leer, de permitirte una comida inusual… construirte hacia dentro, enriquecer tu cuerpo y tu mente nunca puede ser nada malo.

 

 

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Like a Virgin

No hace tanto que las mujeres no hablábamos de nuestra sexualidad tan libremente, hablando de sexo con nuestras amigas y amigos, consultando a especialistas, autoexplorándonos o simplemente tratándolo como un tema más, sin escandalizarse (a día de hoy existen las que se llevan las manos a la cabeza y no saben lo que se pierden). Existe un supuesto “valor” añadido a las mujeres que aún son vírgenes. Hay varios errores en esta máxima, y es que se determina erróneamente que ser virgen es conservar el himen y que no ser virgen es algo “malo”.  Ya lo contaba Fernando Rojas con La Celestina, donde se les “devolvía” la virginidad a las mujeres para que fuesen de nuevo una especie de seres de luz o unicornios alados que se ve que tenemos que ser.

Bueno, por puntos: La virginidad  no se trata de tener o no tener himen, de hecho puedes ser virgen, o sea, no haber tenido contacto sexual en tu vida, y no tener himen. Esta membrana que hay en el interior de la vagina puede romperse haciendo deporte, poniéndote un tampón o cualquier cosa que implique movimientos considerables del cuerpo o hacia el cuerpo, como un golpe. O, directamente, haber nacido sin él. No hay problema. Según los datos científicos el himen no tiene otra función que mantener la vagina lo menos expuesta a infecciones bacterianas los primeros años de vida.

“Ser virgen no es lo mismo que no haber sido penetrada”. En otras palabras, toda mujer virgen no ha sido penetrada, pero no toda mujer que no haya sido penetrada es virgen, básicamente porque cualquier contacto sexual es una relación sexual. Repito: cualquier contacto. Si implica genitales por alguna de las partes, es sexo. Oral, anal, vaginal, masturbación… no importa. Y claro, no todas estas prácticas afectarán a tu himen en el caso de tenerlo. Una mujer que ha recibido o practicado sexo oral, no es virgen, pero no pasa nada. Una mujer que ha masturbado a otra persona o ha sido masturbada, no es virgen, pero no pasa nada. Tener relaciones sexuales consentidas y deseadas es el mayor respeto que se puede tener a sí misma una mujer, atendiendo a sus deseos, cuidándose y permitiéndose experimentar sensaciones que tienen numerosos beneficios físicos y psicológicos, como los de la masturbación, solo que el hecho de implicar a una segunda persona (o tercera, o cuarta…) establece vínculos emocionales. Somos animales sociales, no lo olvides, y todos buscamos lo mismo: placer.

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